- ¡Suba al auto! – Se escuchó en la avenida, a las cuatro a.m. de un lunes, rasgando la paz de la noche. Sofía miró y vio la puerta trasera de una camioneta 4×4 negra abierta con un hombre en su interior apuntándole con un arma, estaba tan asustada que no obedeció la orden. Al instante bajaron dos hom-bres bien fornidos y la subieron al vehiculo. La sentaron atrás y vio que había un sujeto amordazado y con las manos atadas adentro del vehiculo. Un encapuchado se les sentó en medio de los dos secuestra-dos, mientras otros dos encapuchados iban adelante.
Después de media hora, Sofía sintió que el vehiculo disminuía la marcha y finalmente paraba. Brusca-mente dos personas encapuchadas los bajaron y los empujaron hacia lo que parecía ser, una casa aban-donada. Los metieron en una de las piezas donde había un foco el cual irradiaba una tenue luz que deja-ba entrever una pequeña mesa y ninguna ventana cerca. Les quitaron las cintas de las bocas y cerraron la puerta con una traba. Sofía notaba que su repentino compañero tenia cierta confianza y tranquilidad, y se preguntó a si misma a que se debería. El extraño la observó por unos segundos, y le preguntó su nombre aunque pareciera que ya la conociera. Ella le contesto e imito el gesto, por el cual obtuvo que el nombre de su acompañante era Marco.

Sofía, morocha de ojos castaños y tez morena que poseía de gran temperamento, salía de su casa para hacer unas negociaciones en su trabajo por lo cual estaba feliz. Se sentía segura de si misma. Todo estaba saliendo bien, el trabajo, su vida familiar y actualmente sus problemas se estaban solucionando. Se dirigió hacia el garaje, se subió al auto y lo puso en funcionamiento. Salió hacia la calle, mientras escuchaba algo de Vivaldi y pensaba en que seria un gran negocio si este se producía. Al cabo de un rato, estacionó su vehiculo en el estacionamiento de la empresa. Cuando salio del auto, sintió repenti-namente como que una mirada se posaba sobre ella. Era algo inexplicable. Se sentía observada, pero cuando miraba a sus alrededores no veía a nadie más que a su propia sombra. Esto la envolvió durante unos minutos, y finalmente entro a la empresa con una sensación extraña.

Sofía, se despertó y lo único que veía era una tenue luz, no sabia cuanto tiempo había estado adormeci-da ni donde se encontraba. Estaba confundida. Después de unos momentos, su mente le devolvió las escenas del secuestro. Esto le infundió temor, y se acordó de todo lo pasado. En ese momento sintió que la puerta de la habitación se habría y vio que entraba un encapuchado empujando hacia adentro a Mar-co, el que tenía un golpe en la cara. Al entrar, el le contó que lo habían sacado de la pieza para hacerle algunas preguntas y lo habían golpeado.
Después de varios días lo que le confundía a Sofía era que todos los días, los llamaban por separado para hacerles algunas preguntas, y que Marco parecía no sentir miedo ni desesperación a diferencia de ella. Marco parecía interesarse mucho por Sofía y esto a ella le agradaba, ya que nunca había sentido esa preocupación hacia ella. A medida que transcurrían los días, entre Marco y Sofía iba creciendo una relación estrecha y especial. Cuando estaba con Marco ella sentía como si el tuviera todo bajo control.

¿…Hasta que la muerte los separe? Preguntó el cura. – ¡Si, acepto!- Exclamó Sofía, y se unió en un largo beso con su ahora esposo Marco.

- ¿Cómo va el plan? Preguntó el encapuchado.
- De acuerdo a lo pensado. Dame un golpe tengo que parecer tratado violentamente y llévame a la habitación donde se encuentra ella. Respondió Marco, mientras pensaba en como seguir es-tableciendo ese vínculo con Sofía.
El encapuchado cumpliendo órdenes lo llevó hacia la pieza y lo empujo hacia adentro. Marco vio a Sofía a través de la tenue luz. La noto confundida y con miedo, pero veía como su objetivo de acercarse a ella Se iba haciendo realidad.
Todos los engranajes en la mente de Marco empezaron a funcionar cuando la vio en el garaje de la em-presa y su mente quedo obsesionada con esos ojos castaños.